Azúcar moreno vs. azúcar blanco

Azúcar moreno vs. azúcar blanco


Si hace poco tiempo que has decidido llevar una alimentación más sana, es probable que hayas caído en las redes de recolectores de bayas de goji, semillas de chia, quinoas y demás amigos de la Pandilla Superalimentos. Si esa decisión la tomaste hace algunos años recordarás que uno de los alimentos que salieron de la despensa fue el azúcar blanco, sustituido por algo más saludable como es el azúcar moreno.

Un mito mas. El azúcar, sea blanco o moreno, está detrás de la pandemia de obesidad que sufre el mundo desarrollado en el S.XXI. A su vez, la obesidad está detrás de la mayoría de enfermedades metabólicas, cardiovasculares, etc que azotan nuestra salud en nuestros tiempos. Por tanto, si quieres llevar a cabo un verdadero cambio en tu alimentación, en aras de prevenir enfermedades o mejorar tu estado de salud, elimina el azúcar de tu vida.

Pero, ¿qué ocurre con el azúcar moreno? No es una opción más saludable, probablemente todo lo contrario. Es cuestión de apariencia. El azúcar moreno del supermercado, es azúcar blanco, que es más barato de obtener, rodeado de una capa de melaza, también muy barata, que le da esa apariencia más “saludable”. 

Si el azúcar blanco puede llegar a producir errores en el metabolismo de la glucosa, base de los procesos de sobrepeso y obesidad (lee aquí para entender a la insulina). El azúcar moreno es esa misma bomba rodeada de otro azúcar, la fructosa, que tiene una serie de peculiaridades que la hacen un estorbo en cualquier proceso de pérdida de grasa (y peso).

Entendiendo a la fructosa

La fructosa, es el azúcar presente en la fruta, en la miel y también en esa capa de melaza que rodea al azúcar blanco para hacerlo moreno, tiene un metabolismo algo más complejo que el de la glucosa.

A diferencia de ésta (que es capaz de metabolizarse directamente en las células), la fructosa pasa íntegramente al hígado para metabolizarse. Es decir, la fructosa va a entretener al hígado un ratitito más de que la glucosa, para poder ser metabolizada. Esto tiene una serie de implicaciones a nivel hormonal. Cuando comemos glucosa, la señal hormonal que produce la sensación hormonal a nivel cerebral, la hormona leptina, aparece a los 15 minutos. Otras señales como las que producen la sensación de hambre como la grehlina, etc dejan de ejercer su efecto. Esto con la fructosa no ocurre, como han demostrado estudios de resonancia magnética funcional a nivel cerebral, las señales producidas a nivel cerebral por la fructosa, que implicarían una disminución del apetito, no se detectan con el consumo de la misma. Es más, se vieron señales contrarias, las que incitan a seguir comiendo.

La fructosa además produce en su metabolismo una serie de subproductos como el ácido úrico, grasas no utilizables por el organismo a nivel energético, por tanto acumulables, triglicéridos que viajan a sangre, etc. que no son para nada deseables.

Una cantidad de fructosa de 40g, para quienes están en proceso de controlar su peso/grasa corporal, es excesiva. En calidad de fruta, un par de plátanos tamaño estándar contienen 15g de fructosa. Una bebida de refresco tipo cola o naranja, etc contienen 40g de fructosa. En calidad de miel, 4 cucharadas de miel ya casi me aportan esa cantidad de fructosa, si a esto le añadimos 1g de fructosa por cada sobrecito de azúcar moreno que usamos en cada café, sumamos y sumamos fructosa innecesaria en nuestra dieta, que resultará un fracaso.

¿Qué hay de los edulcorantes?


Han sido realmente demonizados desde hace décadas. Son completamente seguros. Para vuestra tranquilidad, os pondré un ejemplo. Están completamente autorizados por el Ministerio de Sanidad ¿no? sin embargo dudáis. Y, ¿la stevia? ese edulcorante natural proveniente de las hojas de la stevia, que además ayuda a controlar la glucemia. Ese sí que sabéis que es sano ¿verdad? Pues para información del público, tengo que informar que todavía, el Ministerio y las Autoridades Europeas no se atreven a permitir su uso en más del 5% del producto que alegue llevar o ser “stevia” por nuestra seguridad. Y posiblemente tarden años en autorizar su uso en mayores proporciones.

Ojo, los edulcorantes más utilizados suelen ser polialcoholes, que no son otra cosa que largas cadenas de azúcares acabadas en una función alcohol (químicamente hablando), en cuyo metabolismo siempre hay picos de glucosa y como consecuencia picos de insulina que pueden entorpecer procesos de adelgazamiento o perdida de grasa. Hay polialcoholes como el eritritol que no tienen ese efecto y no son absorbibles por el intestino, edulcorante que no se suele encontrar en supermercados, sí en tiendas especializadas en alimentación baja en carbohidratos como Carbodetox® (www.carbodetox.com) o edulcorantes que engañosamente dicen ser Stevia pero cuya base es el eritritol (Truvia de Azucarera), algo aceptable para estos procesos.

Eduardo Agudo Aponte

Nutricionista

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