Dieta cero azúcar, una herramienta nutricional para la Epilepsia

Dieta cero azúcar, una herramienta nutricional para la Epilepsia


La epilepsia es un trastorno cerebral en el cual el paciente sufre crisis basadas en episodios de actividad descontrolada y anormal de las neuronas que puede causar cambios bruscos y descontrolados en la atención o el comportamiento o movimiento del cuerpo. Normalmente el origen está en una hiperexcitabilidad del cerebro. Es decir, en cerebros muy sensibles a ciertos estímulos.

Las crisis comienzan por norma general entre los 5 y 20 años. Su origen puede ser múltiple, desde lesiones cerebrales, accidentes vasculares, tumores, o simplemente congénitas, sin un origen definido (en estos casos se les pone el apellido de idiopáticas). La epilepsia idiopática para la que no se ha encontrado ningún tratamiento farmacológico efectivo en en pacientes tiene un segundo apellido, refractaria.

Se han hecho estudios (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28264719) en pacientes con Epilepsia idiopática refractaria (EIR) en los que se han reducido considerablemente las crisis, mejorando la calidad de vida de estos pacientes, por medio de un tratamiento nutricional basado en dieta cetogénica.

La dieta cetogénica es aquella exenta de azúcar. Debe su nombre a que, como mecanismo de defensa frente a una dieta con un aporte de menos de 30g de azúcar diario, el organismo sintetiza unos productos energéticos derivados de las grasas que el organismo utiliza como combustible, llamados cetonas o cuerpos cetónicos.

Esta técnica nutricional, durante años ha estado proscrita de la práctica médica. Se ha tendido a confundir “cetosis” con “cetoacidosis”. La primera consiste en un estado fisiológico donde el organismo utiliza otra fuente de energía diferente a la glucosa para seguir funcionando. La segunda es un estado patológico que se da en diabéticos que no tienen la cantidad de azúcar disponible para continuar su vida, y por su condición de diabéticos no son capaces de metaforizar el exceso de cuerpos cetónicos, intoxicándose por los mismos, pudiendo llegar a producir coma y muerte.

Para la tranquilidad del paciente, se ha de informar que el estado de cetosis es un estado completamente sano. Ante la creencia de que el cerebro funciona con glucosa hay que decir que sí, pero que de las 600Kcal diarias que el cerebro necesita diariamente, solo el 20% provienen (o al cerebro le gustaría que  así fuera) del azúcar, el 80% restante de la grasa. En caso de fallo o inanición, tenemos un hígado capaz de sintetizar alrededor de 100g de azúcar diarios. Y por último decir que la grasa no es el enemigo (lee aquí para saber más).

No se conocen a ciencia cierta cuales son los mecanismos de la inhibición de las transmisión sinóptica entre las neuronas del hipocampo de los pacientes con EIR. Es decir, no se conoce por qué la ausencia de glucosa o la presencia de cuerpos cetónicos a nivel cerebral “desconecta” a las neuronas que actúan en las crisis epilépticas. El caso es que es así tanto en ratas como en humanos.

La dieta cetogénica se caracteriza por ser casi nula en carbohidratos. Desde el punto de vista proteico es suficiente para el mantenimiento de las estructuras oseomusculares, no es una dieta hiperproteíca. La mayor parte de la energía proviene de las grasas. Se suelen utilizar grasas utilizables inmediatamente por la célula como grasas saturadas provenientes del aceite de coco, triglicéridos de cadena media, grasas de calidad omega 3, 9 y 6 aceptable como las combinaciones de aceite de oliva y/o girasol, frutos secos y aguacate.

El problema que se presenta en este tipo de intervenciones es la continuidad en el tiempo, dado el carácter restrictivo de esta dieta. Es difícil de mantener, por la falta de atractivo de la dieta. Sobre todo en niños con EIR, eliminar el pan, la patata, las pastas, el arroz, las chuches, dulces, etc etc puede ser un problema. No obstante hay empresas del sector de la alimentación que se han especializado en la comercialización de productos bajos en azúcares (www.carbodetox.com) como pastas, chocolates, chuches, panes, y un largo etc. que pueden hacer la vida de un paciente con EIR mucho más agradable.

Eduardo Agudo Aponte

Nutricionista

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